Seguimos la serie prometida de entradas de
Beardfish con el que yo considero la primera obra real, al menos en mi concepción de la banda.
The Sane Day es un álbum doble, con una historia que a veces es seria y a veces todo lo contrario. Incluso ambas cosas a la vez. Es un saco enorme, tanto estilísticamente como líricamente, y en el caben sin apretujarse bailes de salón, grasa afrodisíaca de moluscos, el típico trasfondo de joven incomprendido y deseoso de amor y ese punto de miseria y rabia que tan natural le queda a Rikard Sjöblom.
Este Día Cuerdo es un disco en el que Rikard se incorpora definitivamente a los teclados, y consigue terminar de definir el estilo y la intrumentación el grupo, convirtiéndose en el hombre orquesta de la banda, teniendo a su cargo guitarras, teclados y voces. Y con teclados englobo una gran cantidad de timbres, muchos de ellos los responsables del regusto setentero de Beardfish: órganos a lo hammond, mellotrones, sintes analógicos, clavinets, pianos acústicos y eléctricos variados, solinas...
Pero, pese a mi de-formación tecladil, tengo maravillas que hablar del resto de instrumentistas, por
feos que sean algunos. Las baterías de Magnus Östgren son un claro ejemplo de cómo tocar lo justo y necesario y nada más. Un kit sencillo, ausencia de alardes y apoyando al bajo de Robert Hansen a formar una sección rítmica sólida y correctísima. Bajo que, por cierto, tiene unas líneas muy creativas, desde las más saltarinas hasta las más íntimas, pero casi nunca están esas dos manos quietas.

¿Guitarras? A pares, oiga. Tanto David Zackrisson como Rikard reparten riffs y melodías que se entretejen y complementan a la perfección. De hecho, lo polifacético que es Rikard nos lleva a dividir los temas de Beardfish en dos tipos principales: aquellos en los que él lleva el teclado y aquellos en los que él lleva guitarra. Canción tecladera contra canción guitarrera. En las primeras es David el que brilla con sus acompañamientos y solos melódicos, y en las otras se produce uno de los ingredientes que más me gustan en sus discos: los solos de guitarra limpia o con poca distorsión que llevan dos líneas paralelas armonizadas o bien un diálogo en el que se suceden preguntas y respuestas entre ellos.
Vistos a grandes rasgos los pormenores tímbricos de Beardfish a partir de este álbum, y que mantienen en gran medida en los sucesivos, vamos a ver qué se cuece en particular en este The Sane Day. El primer disco en esta entrada, el segundo en la siguiente, para no pecar de cansino. Vamos allá.